Riego y regadíos

Los Aspectos sociales, económicos y medioambientales del riego y regadíos frente a la agricultura de secano.

En multitud de zonas de España, que pueden considerarse incluidas en la España seca, la agricultura de secano ha supuesto únicamente una actividad de bajos ingresos por unidad de superficie para los agricultores, lo que ha derivado en la falta de interés de la población joven que ha ocasionado en muchos casos la despoblación de los núcleos rurales, el abandono de las tierras y los problemas de desertización de tierras y degradación medioambiental.

Tradicionalmente, la Agricultura de regadío ha supuesto la única alternativa posible para el desarrollo de multitud de zonas rurales, fomentando una agricultura productiva y rentable, tanto económica como socialmente.

Por lo general los cultivos de regadío son más exigentes en mano de obra que los de secano. En la actualidad, el regadío genera anualmente en España unos 550.000 empleos, lo que supone más de la tercera parte del empleo total generado en el sector agrario.

En Andalucía esa proporción está por encima del 50% ya que de los 220.000 ocupados agrarios, la agricultura de regadío genera más de 120.000 empleos.

Con respecto a la agricultura de secano, la proporción de empleados es de unas 7 a 8 veces mayor en regadío (como media de las agriculturas españolas), cifra que aumenta notablemente en determinadas zonas (como las de agricultura de regadío bajo plástico y producciones hortícolas, por ejemplo) en las que se genera un importante incremento de empleados agrarios.

La mano de obra que crea la agricultura de regadío tiene también un importante efecto en la evolución de las poblaciones (como lo atestigua, por ejemplo, el claro incremento de la población del Poniente almeriense a medida que la superficie de cultivo regado bajo plástico aumenta) y a su vez en la economía de la zona. No en vano, en Andalucía la agricultura de regadío produce anualmente alrededor del 53% de la producción final del subsector agrario, a pesar de contar sólo con un 19% de la superficie agraria, y todo ello teniendo en cuenta que reciben proporcionalmente menor cantidad de ayudas directas de la Comunidad Europea que los cultivos de secano. Hoy en día, la Agricultura de regadío genera una producción final muy superior al del resto de los sistemas agrícolas aún cuando la superficie de cultivo regada es muy inferior.

Asimismo, la actividad empresarial relacionada con el regadío es ingente, contando con áreas tan dispares como suministros de material de riegos, fertilizantes, fitosanitarios, transformación y comercialización de productos o asesoramiento agronómico e hidráulico. Pero tampoco se debe olvidar el aspecto social, la generación de empleo, la redistribución de la población en torno a zonas de regadío, etc.

Datos referidos a 1993 indicaban que la productividad media del regadío en España era mas de 7 veces mayor que la del secano (en Andalucía en torno a 6 veces mayor), y en 1994 el 60% de la producción final agrícola, cerca de dos billones de pesetas, se originó sólo en el 15% de la superficie total de cultivo que es representada por el regadío.

Medio ambiente

Tampoco debe olvidarse la dependencia de numerosas empresas de muy diversa índole y actividad a la producción agrícola de regadío, como por ejemplo las de transformación o agroalimentarias, sin cuyos productos su suministro se vería mermado o bien tendrían que soportar gastos de importación elevados. Toda implantación de un sistema de regadío así como la transformación de un sistema de secano en regadío, supone en la mayoría de los casos alterar el entorno de la zona y provocar cierto impacto ambiental.

Un gran número de regadíos tradicionales constituyen hoy día entornos de gran valor paisajístico, reflejo de una cultura popular que los convierte en zonas que merecen una conservación y cuidado especial.

Pero lo habitual es que una mayor intensidad de cultivo implique una mayor agresividad al medio ambiente, lo que suele ser frecuente en la agricultura de regadío.

Son claros ejemplos:

La sobreexplotación de acuíferos, que en zonas costeras genera una entrada de agua salina en las bolsas de agua subterránea que deterioran la calidad del agua;

El uso masivo de productos químicos (fertilizantes, fitosanitarios,...) que van a parar a cursos de agua y acuíferos contaminándolos e inutilizándola para usos posteriores;

La generación de desechos como en el caso de los plásticos agrícolas en zonas de invernaderos; y

La erosión y degradación del suelo con determinadas prácticas de riego y como consecuencia de ello una disminución en la calidad de las aguas.

 

Aspectos sociales, económicos y medioambientales del riego y regadíos