La erosión del suelo originada por el riego y los diferentes sistemas de riego y soluciones para evitar lo que a veces pueden ser devastadores efectos de la erosión.

La erosión del suelo consiste en el arranque de las partículas sólidas que forman el suelo y su transporte a otros lugares dentro de la misma parcela o fuera de ella, donde finalmente se depositarán.

Este proceso está considerado hoy día como uno de los problemas más importantes que sufre la agricultura a escala mundial, como consecuencia de la pérdida de las capas más superficiales y más fértiles del suelo y la degradación tanto del suelo agrícola como del entorno, principalmente los cauces donde se recoge el agua de escorrentía contaminada con todo tipo de partículas de suelo y elementos como pesticidas, abonos, etc.

Normalmente se asocia la erosión a suelos agrícolas de secano cuando se producen fenómenos de lluvia muy intensa.

Suele olvidarse el riesgo de erosión en determinados sistemas agrícolas de regadío en los que el agente erosivo no es la lluvia sino el agua de riego.

Si el riego es aplicado en forma de grandes chorros o avenidas como en riego por superficie, genera escorrentía como puede suceder en riego por aspersión, o es posible que el agua tenga energía suficiente como para romper la estructura del suelo y arrastrar las partículas junto con el agua.

De lo anterior se deduce que en el riego localizado normalmente no se produce erosión.  

Si un sistema de riego por aspersión está bien diseñado y manejado, es muy poco probable que se pueda producir erosión. Sólo en ciertos casos, cuando la intensidad de lluvia generada por los aspersores sea superior a la capacidad de suelo para infiltrarla y se genere escorrentía, y además el terreno tenga una pendiente acusada, es posible que la pérdida de suelo llegue a ser importante.

También es posible que se origine escorrentía cuando la aplicación del agua esté muy afectada por el viento y determinadas zonas del suelo se mojen en exceso.

En ambos casos la solución radica en realizar un buen control visual del funcionamiento del sistema, y actuar de manera adecuada cuando se observe que se está generando un exceso de agua sobre el suelo.

En el riego por superficie es donde la erosión del suelo suele ser mucho más importante. Además, el riesgo de erosión aumenta cuando se llevan a cabo diversas prácticas de manejo del suelo para aumentar la uniformidad en la distribución del agua con el riego, como aplicar caudales altos, reducir la longitud de la parcela y utilizar pendientes excesivas.

En circunstancias en que se produzca erosión en sistemas de riego por superficie, los principales efectos que pueden ocurrir son los siguientes:

Descarnamiento del suelo en zonas de cabecera donde se aplica el agua, que arranca las partículas de suelo de las capas superiores y las transporta hacia cola de parcela.  

Ganancia de sedimento en zonas de cola donde el agua circula más despacio, lo que favorece que tales partículas se depositen y formen una capa que sella los poros y dificulta la infiltración del agua en riegos posteriores.

Deterioro de los canales de la red de desagüe si no están construidos correctamente.

A pesar de estos efectos, que en ocasiones son realmente devastadores, es muy simple evitar el riesgo de erosión realizando un diseño y manejo adecuados o utilizando protecciones en zonas puntuales donde puede generarse gran cantidad de sedimentos.

De otra manera, los efectos de la erosión se reflejarán en un importante deterioro del suelo que afectará a su fertilidad y por tanto a la producción del cultivo así como en una pérdida de valor del suelo que podrá quedar seriamente degradado.  

 

Erosión del suelo del riego y los regadío en agricultura