La programación de los riegos exige calcular cuándo se ha de regar y cuánta agua aplicar, para lo cual es imprescindible conocer las características del cultivo, las características físicas del suelo y las condiciones climáticas de la zona.

Puede ser una herramienta para lograr diversos objetivos, como conseguir la máxima producción, mejorar la calidad de los productos, desarrollar todo el potencial de la instalación del sistema de riego, ahorrar abonos, reducir la contaminación ambiental, etc. Además, en regiones como Andalucía, con recursos hídricos escasos, el uso eficiente del agua deberá ser siempre un objetivo a conseguir.

La influencia del cultivo es importante puesto que las necesidades de agua serán mayores o menores en función del tipo de planta y de su estado de desarrollo. De la misma forma, las raíces de un cultivo ocupan diferente profundidad del suelo en distintas fases dentro del ciclo por lo que la cantidad de agua disponible en esa zona de suelo varía con el estado del cultivo.

La capacidad de cada suelo para retener agua también es diferente lo que implica que tanto la cantidad de agua a aplicar con el riego como la que pueden extraer las plantas puede variar mucho.

El Clima también influye en las necesidades de agua, en función de la radiación solar, viento, precipitación, etc., por lo que es preciso conocer las características climáticas de la zona y del cultivo para programar adecuadamente los riegos. Esto es aplicable a todos los cultivos.

Sin embargo algunos de ellos requerirán prácticas de riego especiales o que se tengan en cuenta características un tanto específicas del suelo (presencia de patógenos,...), por lo que constituyen aspectos que es necesario considerar en la programación de riegos de cada situación concreta.

Por la gran variedad de casos que pueden presentarse, se desarrollará a continuación una programación genérica sin atender a casos particulares. Sin embargo, es preciso tener en cuenta que la práctica del riego no es algo independiente sino que está íntimamente ligada al resto de las prácticas de cultivo en que éste se desarrolla.  

Con la programación de riegos se pretende establecer el momento más oportuno para regar y determinar la cantidad de agua a aplicar. De esta manera se aprovechará el agua de la forma más eficientemente posible utilizando al máximo el potencial de la instalación de riego con objeto de conseguir ciertos propósitos como maximizar la producción o mejorar la calidad del cultivo. Para calcular la cantidad de agua a aplicar es necesario realizar un balance de agua entre la que se aporta al sistema suelo–planta y la que se extrae.

El agua extraída depende del tipo de cultivo su estado de desarrollo,cuantificado con el coeficiente de cultivo y de las condiciones climáticas de la zona,cuantificadas por la evapotranspiración de referencia, en lo que se conoce como evapotranspiración.

Así, se determinarán las necesidades netas de riego y, según la eficiencia de aplicación de cada sistema de riego en particular, las necesidades brutas de riego o cantidad real de agua a aplicar. A medida que pasa el tiempo y se produce evapotranspiración, el déficit de agua en el suelo o cantidad de agua extraída será mayor.

El momento de regar será a juicio del regante, pero existe un nivel de referencia que no es aconsejable sobrepasar para mantener una máxima producción del cultivo, el nivel de agotamiento permisible.

En cualquier caso dependiendo del tipo de riego y de la estrategia a seguir, el momento de riego puede ser diferente. Una mayor cantidad de agua aplicada no garantiza una mayor producción. Usando valores medios de evapotranspiración de referencia se puede concretar la estrategia de riego elegida en un calendario medio de riegos, donde aparecerán especificados los días en los que regar y la cantidad de agua a aplicar, lo que permite no sólo programar los riegos sino otra serie de labores u operaciones propias del cultivo.

 

Programación de los riegos de cultivos