El Olivo - Papel de los nutrientes en el olivar - Síntomas de las deficiencias

Papel de los nutrientes en el olivar y síntomas de las deficiencias causadas por falta de macroelementos o microelementos.

El nitrógeno, es el elemento más importante en la fertilización del olivo. Acelera la actividad vegetativa y el desarrollo de la planta, aumenta la capacidad de asimilación de otros elementos e influye, más que los demás elementos, en la producción. Es poco estable en el suelo, razón por la que hay que tenerlo presente anualmente en los programas de fertilización.   Un abonado nitrogenado excesivo no mejora la calidad del aceite ni la producción, aumenta la sensibilidad a las heladas y a las enfermedades y retrasa la maduración de los frutos. En el olivar tradicional se recomienda aplicar entre 0,5 y 1 kg N/árbol, sin superar, en todo caso, 150 kg N/ha.

El fósforo forma parte de compuestos que intervienen en muchos procesos bioquímicos que tienen lugar en la planta. Acelera la maduración y mejora la floración y el cuajado. La respuesta del olivar a las aportaciones de fósforo es menos evidente que la de nitrógeno y sólo se produce al cabo de unos años de abonado. No suelen ser frecuentes, en las zonas olivareras españolas, los suelos pobres en fósforo, aunque al tener un alto contenido en caliza el fósforo está en forma insoluble. En caso de deficiencia se puede aplicar 0,5 kg P2O5/árbol.

El potasio desempeña una labor importante en el transporte de azúcares en la planta, en la transpiración y en numerosos procesos bioquímicos en los que tiene que estar presente. Aumenta la resistencia del árbol a las heladas y a las enfermedades criptogámicas. Mejora el tamaño y la calidad de los frutos. El olivo precisa de grandes cantidades de potasio y si la cosecha es abundante y las extracciones han sido elevadas pueden presentarse deficiencias, necrosándose las hojas y defoliándose el árbol. También la deficiencia puede presentarse en años muy secos, en el secano. Las deficiencias de potasio son difíciles de corregir y por ello es importante mantener una adecuada concentración de este elemento en las hojas. El olivar responde bien a las aplicaciones de potasio que se sitúan entre 1 y 2 kg K2O/árbol.

El boro es un microelemento de gran importancia para el olivo, cuya deficiencia aparece más frecuentemente en suelos calizos y terrenos secos. Los olivos con deficiencias en boro presentan problemas en la floración y en el cuajado, con elevado número de frutos deformes. A veces la deficiencia se confunde con la de potasio.

El hierro es otro microelemento que debe ser tenido en cuenta en el olivo, que puede manifestar deficiencias en hierro aún estando este elemento presente en el suelo, debido a la inmovilización que produce el ión bicarbonato sobre este nutriente. Los árboles afectados por clorosis férrica presentan síntomas característicos de clorosis en las hojas. En cuanto a los elementos secundarios, el calcio, es un elemento al que tradicionalmente se le ha prestado poca atención, porque la mayor parte del olivar está asentado en suelos muy calizos y existe la errónea teoría, de que al haber mucho calcio en el suelo, el olivo ya absorberá el necesario; pero este calcio está en formas insolubles y por tanto puede ser necesario la aplicación de fertilizantes que aporten calcio soluble.

Deficiencias nutritivas. Síntomas observados debido a deficiencias Fuente: Faustino de Andrés Cantero (1997)

Nitrógeno

Raquitismo, entrenudos cortos, las hojas quedan pequeñas, deformadas y algunas veces con clorosis difusas, pudiendo aparecer más tarde algunos tintes rojizos sobre todo en las hojas viejas.
Ésta es una de las causas por la que, a veces, el ovario no alcanza su completo desarrollo.

Fósforo

Algunos de los síntomas de carencia de fósforo son parecidos a los del nitrógeno, especialmente el poco desarrollo de las hojas y otras partes del árbol, pero sin presentar deformaciones como en aquel caso.
Hojas de menor tamaño, en las que, en la parte apical, aparecen zonas de color verde más claro, mientras que se mantiene el color normal, o incluso más oscuro, en la zona próxima al pedúnculo. Pueden aparecer pequeñas manchas cloróticas, sobre todo al final de verano y en invierno.
Zonas necróticas, principalmente por la parte del ápice, y casi siempre marginales; corrientemente en invierno o principios de primavera. En ocasiones se ven olivos con este síntoma y no hay hojas con los anteriormente descritos.

Potasio

Suelen manifestarse antes en los tejidos y partes más viejas, produciendo un debilitamiento de los mismos, porque al ser un elemento muy móvil, emigra fácilmente de un sitio a otro de la planta, y los tejidos más viejos se agotan en beneficio de los más jóvenes.
Reducción del crecimiento vegetativo. Hojas más pequeñas que las normales y tienen en el ápice una zona de color más o menos atabacado; en algún caso esa zona está en el borde pero casi siempre cerca del ápice; alguna vez los bordes se enrollan. Normalmente no hay zona de transición entre la parte enferma y la que parece sana.

Calcio

Intensa clorosis en las hojas en la parte apical, pudiendo variar el color de amarillo verdoso en las hojas jóvenes, al amarillo anaranjado en las más viejas; también en las hojas viejas pueden verse alguna vez zonas necrosadas e incluso bordes rasgados.
El sistema radicular se desarrolla poco y cuando el proceso está avanzado, las partes terminales adquieren a veces una consistencia gelatinosa.

Magnesio

Zonas cloróticas en las hojas que avanzan desde el ápice hasta la base, siendo gradual la transición de una zona a otra, por lo que no hay una línea clara de separación entre ambas. Si continúa la situación deficitaria, puede haber defoliación en las ramitas jóvenes, acompañada de necrosis en las partes terminales, así como de una reducción general del crecimiento de la planta.

Azufre

Este elemento interviene también en la formación de la clorofila y su falta produce una clorosis parecida a la de la carencia de nitrógeno.

Boro

El síntoma más corriente en las hojas es la presencia en la parte apical de una mancha que parece como una quemadura, e incluso con alguna parte necrótica; en estas hojas es muy característica la existencia de una zona
amarillenta, que suele haber entre la parte enferma y la de aspecto normal de la hoja.
En ocasiones, además de algunas deformaciones, puede tener lugar una considerable caída de hojas, llegando a formarse lo que se conoce como “escobas de bruja”.
Cuando la falta de boro no es muy acusada, la fructificación puede ser aparentemente normal, pero el fruto formado tiende a caer, especialmente en el verano. Otras pocas veces, algunos frutos llegan a madurar, pero suelen estar muy deformados, lo que da lugar a lo que se conoce como “cara de mono”.
Cuando hay exceso de boro, se observan zonas necróticas en la parte apical de las hojas, no habiendo transición entre una parte y otra de la hoja. Los árboles fuertemente afectados por la toxicidad no producen flores.

Cobre

Acortamiento de los entrenudos, pudiendo llegar a formar “rosetas”, acompañado a veces de una anómala ramificación.

Hierro

Síntomas muy claros de clorosis férrica), más visible en las hojas jóvenes, que puede acentuarse y, en los casos extremos, producir necrosis en los bordes y ápices.

Manganeso

Clorosis en las hojas con síntomas variables y a veces acompañada de necrosis.

Zinc

La carencia de zinc produce la aparición de manchas amarillas en las hojas adultas y una detención del crecimiento de los brotes, con acortamiento de los entrenudos dando lugar a la formación de “rosetas”, parecidas a lo que ocurre con la falta de cobre.

Síntomas observados debido a deficiencias Fuente: Faustino de Andrés Cantero (1997) 

 

El Olivo - Papel de los nutrientes en el olivar - Síntomas de las deficiencias