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Maíz fuente de los nutrientes - Procedencia de los macroelementos y microelementos

El suministro de los nutrientes requeridos por el cultivo de maíz se puede producir por diferentes vías, y todas ellas deben considerarse a la hora de ajustar la fertilización y abonado.

Estas son las procedencias de nutrientes del cultivo del maíz son: 
El suelo. 
El agua de riego. 
Los restos de cosecha. 
Cultivo precedente. 
Los fertilizantes orgánicos (estiércoles, purines, etc.) y órgano-minerales. 
Los fertilizantes minerales.

La cantidad de nutrientes suministrada por el suelo puede conocerse mediante su análisis, imprescindible para orientar la fertilización fosfatada y potásica. Aunque el análisis no indicará directamente la cantidad de esos nutrientes que va a suministrar el suelo, sí que da una pauta sobre si es necesario suplementarlo o no con otras fuentes.

Respecto al nitrógeno, la mayor parte está en el suelo en forma orgánica que no es directamente asimilable. La determinación de la materia orgánica que contiene el suelo permite obtener una buena estimación de la cantidad de nitrógeno que será liberado. Al tratarse de un cultivo de verano puede aprovechar la mayor parte de ese nitrógeno. Si se desea tener un conocimiento más ajustado de la disponibilidad real de nitrógeno mineral, se puede recurrir al análisis de nitrógeno mineral en el suelo (nitratos), hasta una profundidad de 60 cm. La cantidad de nitrógeno así obtenida puede considerarse que está disponible inmediatamente para el cultivo.

El agua de riego contiene siempre cierta cantidad de sales, muchas de las cuales son nutrientes. En España, donde el maíz se cultiva mayoritariamente en regadío, el volumen de agua añadido es muy importante, de modo que cualquier sal que ésta contenga, será aportada también en cantidades considerables. Cuando el agua de riego procede de sondeos es muy habitual que contenga cantidades muy importantes de nitrógeno, directamente asimilable. Cuando son aguas superficiales, el contenido de nitrógeno será bajo, pero pueden contener potasio o, si reciben algún tipo de vertido, fósforo u otros elementos. También el agua de lluvia realiza pequeños aportes de nitrógeno disuelto a través de la atmósfera. Se calcula unos 8 kg N/ha anualmente. Es imprescindible conocer la calidad del agua para manejarla adecuadamente. Esa información puede proceder de los organismos de cuenca o de un análisis realizado por el propio agricultor.

Los restos de cosecha contienen una parte importante de los nutrientes extraídos por la planta, por lo que su restitución o no al suelo, repercute en las aportaciones que de los mismos se hagan al cultivo. Es habitual que el maíz forme parte de una rotación de cultivos detrás de una leguminosa (alfalfa, guisante, veza, etc.). En este caso, es importante considerar el aporte de nitrógeno fijado por la leguminosa que pasará al cultivo del maíz, y que de forma orientativa puede situarse, si se trata de la alfalfa, entre los 100 y 150 kg N/ha. Si el precedente no es una leguminosa, esa fijación no se da, pero debe tenerse en cuenta que si la fertilización fue superior a las necesidades, es decir, si se obtuvo una cosecha inferior a la prevista, habrá un residuo de nutrientes a disposición del maíz.

Los fertilizantes orgánicos, cuyo uso es cada vez más habitual en la agricultura, contienen una cantidad de nutrientes que se liberarán con la mineralización de esa materia orgánica (en general de forma más lenta que los fertilizantes minerales). Cuanto menor es la relación C/N, más rápidamente se mineralizan los aportes orgánicos.

Los fertilizantes minerales están presentes en el mercado en una gran diversidad de formulaciones, con formas y concentraciones de nutrientes que permiten adaptarse a las necesidades del cultivo no cubiertas con las fuentes antes mencionadas. Por ello, la necesidad de estos fertilizantes debe calcularse para “cerrar” el balance entre la demanda del cultivo y la disponibilidad de nutrientes en el suelo.

Respecto a los nutrientes secundarios y microelementos, en general el suelo es capaz de proporcionar las cantidades requeridas. Los restos de cosecha, los fertilizantes orgánicos, y en menor medida los fertilizantes minerales son una fuente adicional de estos nutrientes. Localmente, en áreas con particulares condiciones de suelo, pueden darse deficiencias de magnesio o de azufre, y difícilmente de calcio. No suelen presentarse deficiencias importantes de microelementos, con excepción del zinc. En caso de deficiencias, puestas de manifiesto por síntomas en el cultivo, detectadas mediante análisis de suelo o de planta, puede recurrirse a fertilizantes minerales que contengan esos nutrientes secundarios y microelementos. No deben realizarse estos aportes con carácter preventivo y sin conocimiento del estado del suelo, puesto que ello puede ser innecesario o perjudicial. 

 

Maíz fuente de los nutrientes - Procedencia de los macroelementos y microelementos