Desde un punto de vista nutricional, la vid se caracteriza por un ritmo regular de absorción de elementos minerales a lo largo del ciclo, ausencia de períodos críticos y por unas necesidades relativamente moderadas de elementos.

Para centrar las necesidades de la vid, los datos siguientes son de Exportaciones de macroelementos: hojas, racimos y sarmientos (kg/ha):

Nitrógeno entre 20-70 media 52 kg/ha
Fósforo P2O5  entre 7-25 media 16 kg/ha
Potasa K2O  entre 30-70) media 60 kg/ha
Calcio CaO  entre 50-120) media 73 kg/ha
Magnasio MgO entre 10-25 media 15 kg/ha

Estos datos reflejan las exportaciones medias de los principales macroelementos (kg/ha), expresadas como composición mineral de los órganos renovables de la planta, es decir, de hojas, racimos y sarmientos.

Las exportaciones consideradas pueden verse incrementadas en un 10-15% en concepto del material vegetal exportado no presente en el momento de vendimia (despunte, desniete, deshojado, etc.) y de los elementos que participan de las reservas de troncos y raíces.

La absorción mineral de la vid abarca fundamentalmente el período comprendido entre la brotación y el envero.

Prácticamente el 100% de Nitrógeno y Potasio, y más del 90% de Fósforo, han sido absorbidos en el envero. Las necesidades más importantes surgen de forma escalonada durante el período de crecimiento activo, coincidiendo con el desarrollo de la baya en su Fase I, y en el caso del Potasio durante la maduración, cuando los racimos y bayas se convierten en los principales sumideros.

La redistribución de las reservas acumuladas en las partes vivaces, aunque no llega a compensar las necesidades de la planta, juega un papel muy importante en el balance nutricional, sobre todo en dos fases del ciclo anual: el inicio de crecimiento, especialmente para Nitrógeno, y durante el desarrollo de la baya, sobre todo a lo largo de la Fase III, maduración.

Vid: Exportaciones de nutrientes y ritmo de absorción